La nostalgia de los años 60 se toma las discotecas y bares de Uruguay

Una noche al año, previa a la conmemoración del día de la independencia uruguaya, los habitantes del país albi-celeste y los turistas que lo visitan, pueden desempolvar sus tenidas sesenteras y revivir sus mejores bailes, al ritmo de Elvis Presley, The Beatles o Queen. Una tradición que comenzó hace 41 años, hoy es parte de su atractivo turístico y la mayoría de las discotecas y bares se adhieren a él, ofreciendo fiestas temáticas en las que las mini-faldas, botas altas y jeans “patas de elefante” se toman el protagonismo.

Al realizarse la noche anterior al feriado del 25 de agosto -fecha en la que se celebra el día de la independencia en Uruguay- no hay excusas para quedarse en casa. Por ello, cada vez son más los locales y turistas que repletan los establecimientos nocturnos, recordando los alocados años 60. Y no sólo ellos, como avanzan las décadas, ya se han ido incorporando “clásicos” de los 80 y 90.

Su gran éxito, provocó que el Ministerio de Turismo del Uruguay declarara oficialmente esta noche como un atractivo turístico, desde el 2004.

Otros destinos uruguayos que invitan a la nostalgia

Aprovechando el impulso nostálgico, cada vez son más los turistas que deciden sumergirse en la historia de este país. Uno de los principales atractivos en este ámbito es el “Museo del Fútbol Uruguayo”, ubicado bajo la Tribuna Olímpica del Estadio Centenario, que fue sede de la primera Copa del Mundo, realizada en 1930. En él, no sólo se pueden ver los trofeos y títulos que históricamente ha recibido la Selección de Uruguay, sino también, una gran colección de objetos que recuerdan los momentos más importantes del fútbol mundial.

Finalmente, un clásico de Uruguay –y que también llama a la nostalgia- es la Colonia del Sacramento, un poblado ubicado a 177 kilómetros de Montevideo y cuyo casco histórico fue declarado Patrimonio de la Humanidad por la UNESCO. En este lugar se puede apreciar la fusión exitosa de los estilos arquitectónicos portugués, español y poscolonial, como también –al sumergirse entre sus estrechas calles- incluso permite imaginarse los estruendosos cañonazos de las disputas pre-independentistas, entre portugueses y españoles.

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